Cuando se inician los trámites para divorciarse o separarse se origina una situación emocional complicada y difícil de gestionar. A consecuencia del divorcio o separación se van a producir multitud de cambios en relación a numerosas cuestiones que habrá que regular jurídicamente, como qué hacer con el domicilio conyugal, con los bienes, pero sobre todo y lo más importante, muchas parejas se preguntan ¿qué va a suceder con nuestros hijos?
Los niños son lo que más sufren estas rupturas matrimoniales. Por ello, hay que intentar, en la medida de lo posible, hacerles sentir que van a seguir teniendo una madre y un padre que se van a ocupar de ellos y que por el hecho de que se produzca un divorcio o separación, no va a significar un cambio en la relación padres-hijos.
De lo anterior, surge la necesidad de establecer una modalidad de custodia y un régimen de estancias del menor con cada uno de los progenitores, en definitiva, decidir cuál de los padres va a convivir con mayor habitualidad con los hijos.
